Miopía: causas, consecuencias y cómo controlar su progresión

Miopía: causas, consecuencias y cómo controlar su progresión

La miopía, o dificultad para enfocar los objetos lejanos, se ha vuelto casi una epidemia en las últimas décadas, especialmente entre jóvenes. Seguro conoces varios niños o adolescentes que ya usan gafas para la miopía, o tú mismo la tienes. ¿Por qué cada vez más personas se vuelven miopes? ¿Es solo cuestión de genética, o influye nuestro estilo de vida de pantallas y espacios cerrados? En este artículo vamos a profundizar en la miopía: explicaremos qué la causa, qué cambios ocurren en el ojo miope, cuáles son sus consecuencias a largo plazo (porque va más allá de “usar gafas más gruesas”) y, muy importante, hablaremos de las estrategias modernas para frenar su progresión. Hoy en día, la ciencia ha encontrado métodos –desde lentes especiales como los Stellest o MiYOSMART, hasta gotas de atropina– que pueden reducir la velocidad con que la miopía aumenta en niños. Si eres padre de un niño miope o tú mismo notas que cada año ves peor de lejos, esta información te será muy útil. ¡Acompáñanos y entérate cómo mantener la miopía bajo control!

¿Por qué ocurre la miopía?

En un ojo normal (emétrope), las imágenes se enfocan justo en la retina. En el ojo miope, el globo ocular es más largo de lo normal o la córnea tiene demasiada curvatura, de modo que los rayos de luz se enfocan por delante de la retina, en vez de sobre ella. El resultado: los objetos distantes se ven borrosos, mientras que de cerca se ven bien. La miopía suele aparecer en la niñez o adolescencia, típicamente entre los 6 y 14 años, y suele empeorar hasta el inicio de la edad adulta (hacia los 20 y tantos deja de progresar en muchos casos).

Causas principales:

·      Genética: Si ambos padres son miopes, es muy alto el riesgo de que los hijos lo sean. Hay definitivamente una predisposición hereditaria. Sin embargo, el aumento actual de miopía en el mundo no se explica solo por genes (no han cambiado tanto en unas décadas).

·      Factores ambientales: Aquí entra la vida moderna. Pasar muchas horas haciendo tareas de cerca (leer, estudiar, pantallas) y muy poco tiempo al aire libre se asocia con mayor incidencia de miopía. Los estudios observacionales han mostrado que niños que pasan más tiempo afuera (expuestos a luz natural) tienen menos riesgo de volverse miopes. La teoría es que la luz del sol estimula la producción de dopamina en la retina, lo que frena el alargamiento excesivo del ojo. En cambio, actividades de cerca prolongadas podrían inducir estrés enfocando continuamente a distancias cortas, promoviendo cambios en la longitud axial del ojo.

·      Educación y estilo de vida: La miopía es más prevalente en poblaciones urbanas y con alta exigencia educativa (muchas horas de estudio). Por eso en países asiáticos altamente urbanizados se alcanzan tasas de miopía juvenil de hasta 80-90%. La OMS estima que para 2050 la mitad de la población mundial será miope, en gran parte por cambios de estilo de vida. Un dato: los niños que pasan al menos 2 horas diarias al aire libre tienen significativamente menos riesgo de desarrollar miopía. Antes los niños jugaban fuera; hoy muchos están con tablet dentro de casa.

·      Otras teorías: Deficiencia de vitamina D, iluminación insuficiente en las aulas, etc., se han propuesto como factores menores. Pero los consagrados son los ya dichos.

En resumen, la miopía ocurre porque el ojo crece más de lo debido (se alarga). Una vez inicia, suele progresar cada año durante la niñez/adolescencia. Pero, ¡no es un simple inconveniente óptico! Un ojo más largo sufre ciertas consecuencias que conviene conocer.

Consecuencias de la miopía (más allá de usar gafas)

En principio, la solución para la miopía es sencilla: lentes de gafas o de contacto que enfoquen correctamente en la retina, o cirugías refractivas en adultos. Con eso, la persona ve bien. Sin embargo, la miopía alta (habitualmente definida como sobre -6.00 dioptrías) conlleva mayor riesgo de enfermedades oculares:

·      Desprendimiento de retina: Un ojo alargado tiene la retina más estirada y delgada. Esto predispone a desgarros y desprendimientos de retina espontáneos. La miopía alta aumenta varias veces el riesgo de desprendimiento, que puede causar pérdida severa de visión.

·      Glaucoma: Los miopes tienen aproximadamente el doble de riesgo de glaucoma de ángulo abierto que los no miopes. La forma del ojo miope puede dificultar la circulación del humor vítreo o hacer más vulnerable el nervio óptico.

·      Cataratas: Se forman a cualquier persona mayor, pero algunos estudios sugieren que los miopes altos pueden desarrollarlas un poco antes. Además, la cirugía de cataratas en un ojo miope tiene más complejidad (por retina frágil).

·      Maculopatía miópica: Es una degeneración en la mácula (centro de retina) por la miopía alta. Pueden aparecer neovasos, cicatrices y atrofia en la retina central, ocasionando pérdida de agudeza visual aunque la persona use su corrección. Es una de las causas de discapacidad visual en adultos jóvenes con miopía alta.

Dado que la miopía está aumentando en prevalencia, hay preocupación de salud pública por un eventual incremento de ceguera por estas complicaciones. Por eso, lo ideal es prevenir que la miopía llegue a grados muy altos o al menos frenar su avance todo lo posible en la niñez.

El crecimiento excesivo del ojo ocurre mayormente hasta los ~20 años. Luego se estabiliza. Por eso, los esfuerzos de control de miopía se enfocan en niños y adolescentes, buscando evitar que un niño que debutó con -1 dioptría a los 8 años termine con -8 dioptrías a los 18, por ejemplo.

¿Se puede frenar la progresión de la miopía?

Buena pregunta. Hasta hace relativamente poco, a los oftalmólogos solo les quedaba recetar lentes más fuertes cada año a los niños míopes y ya. Pero en la última década ha surgido el campo de “control de miopía”, con métodos prometedores validados científicamente para reducir la velocidad de progresión.

Algunas estrategias actuales:

1. Atropina en gotas de baja dosis: Es un colirio con atropina (un fármaco que dilata la pupila y relaja la acomodación). En dosis muy diluidas (0,01% a 0,05%) administradas cada noche ha demostrado disminuir alrededor de 50-60% la progresión de la miopía en niños[4][5]. Los estudios Cochrane confirman que la atropina es el tratamiento más efectivo hasta ahora, aunque pueden presentarse leves efectos como dificultad para enfocar de cerca (por eso las dosis bajas buscan minimizar eso). Se suele usar en niños cuyos defectos aumentan rápido (>0.5-1 dioptría por año). Es un tratamiento off-label (no en etiqueta) pero muy difundido en Asia y ganando terreno en Occidente. Lo bueno: es fácil de usar (góticas antes de dormir) y su efecto acumulado reduce uno o dos dioptrías finales potenciales. Lo malo: requiere uso prolongado (varios años) y al suspender puede haber algo de “rebote” aunque no se pierde todo el beneficio. Mensaje clave: La atropina oftálmica probablemente desacelera la progresión de la miopía en niños[4] de forma eficaz.

2. Lentes de contacto multifocales o “desenfoque periférico”: Aquí entran las innovaciones en óptica. Se ha descubierto que crear un desenfoque miópico periférico puede frenar el estímulo de alargamiento ocular[6]. ¿Cómo? Con lentes de contacto especiales (blandas multifocales, que tienen corrección normal al centro y un poco menos en la periferia) o con lentes de gafas de diseño especial. Un ejemplo son las lentes de gafas Essilor Stellest o las Hoya MiYOSMART, que mediante segmentos en el lente provocan este desenfoque periférico. Estudios de 2 años muestran reducción significativa en la progresión con estas gafas, del orden de 60% en muchos casos. En cuanto a lentes de contacto, las blandas multifocales usadas todo el día también han mostrado eficacia,  - Un estudio clave, Cochrane 2020, encontró que los lentes multifocales (gafas bifocales o contactos bifocales) tienen un efecto ralentizador moderado[7], y combinados con atropina podrían sumar beneficios[8]. - Las nuevas tecnologías, como Stellest, en un ensayo de 3 años frenaron la progresión 67% comparado con gafas normales.

3. Más tiempo al aire libre: Suena simple pero es efectivo. Algunos países como China han implementado recesos adicionales en las escuelas para que los niños salgan al patio. La luz solar hace lo suyo. Se recomienda procurar 2 horas diarias de luz natural para los niños, lo cual según estudios reduce significativamente la incidencia de miopía. No es “curativo” si ya hay miopía, pero puede ayudar a que avance más lento, y sobre todo previene su aparición en quienes aún no la tienen.

4. Corrección total con gafas (no infra-corrigir): Hubo teorías de que dejar a los niños un poco menos graduados intencionalmente podría frenar el alargamiento ocular (por el desenfoque resultante). Pero la evidencia indica que no es bueno infra-corrigir; de hecho puede empeorar la progresión[9]. Así que siempre hay que tener su fórmula actualizada.

En la práctica, los oftalmólogos pediátricos hoy combinan medidas según el caso: por ejemplo, lentes de contacto  + fomentar deporte al aire libre; o gafas MiYOSMART + atropina al 0.01%. A cada paciente se le hace un traje a la medida.

¿Qué puedes hacer si tú o tu hijo son miopes?

·      Primero, corrección adecuada: no dejes de usar gafas o lentes de contacto por temor a “empeorar”. Usarlos no empeora la miopía; al contrario, no entrecerrarás los ojos y tendrás mejor calidad de vida.

·      Consulta sobre control de miopía: No todos los optometristas tradicionales están familiarizados con esto, por lo que busca clínicas o especialistas en miopía progresiva. Ellos evaluarán la edad, graduación actual, tasa de cambio y factores de riesgo para recomendar un plan (atropina, lentes especiales, etc.). Vale la pena si eres un joven que cada año necesita aumentar lente.

·      Hábitos visuales saludables: Limita el tiempo excesivo de pantallas de cerca. Usa la regla 20-20-20 en estudio y computadora para relajar el enfoque. Asegura buena iluminación al leer. Y, repetimos, más juego exterior si es posible. Si eres adulto y pasas jornada en oficina, aprovecha fines de semana para hacer actividades al aire libre.

·      Seguimiento regular: Revisa tu vista anualmente (en niños a veces semestral). Un control oftalmológico incluye medir la longitud axial del ojo con equipos especiales; eso permite ver si los tratamientos están funcionando (se espera que crezca más lento).

·      En adultos miopes altos, acude a chequeos de retina. No es para alarmarse, pero sabiendo que hay cierto riesgo, es útil hacer revisiones para detectar lesiones regmatógenas (desgarros) o signos tempranos de complicaciones.

La miopía no es simplemente “necesitar anteojos más fuertes”, sino un cambio en el ojo que puede tener repercusiones. La buena noticia es que hoy contamos con técnicas para desacelerar su progreso en niños[4][5], y medidas preventivas sencillas como la exposición solar regular que pueden marcar la diferencia. Si eres padre de un niño miope, habla con su especialista sobre estas opciones; si eres un joven miope, quizás aún puedas beneficiarte de algunas. Y si ya eres un adulto miope alto, mantén tus controles para cuidar la salud de tu retina y ojo en general.

La “epidemia” de miopía global se combate con concienciación: más actividades exteriores para las nuevas generaciones, y uso juicioso de la tecnología. Entre todos podemos lograr que los niños de hoy, aunque hereden nuestros ojos miopes, alcancen la adultez con la menor miopía posible. En definitiva, sí podemos influir en la salud visual futura. Tomemos cartas en el asunto desde ahora: limita ese tiempo de pantalla, sal a ver el horizonte y no olvides tus gafas de sol 😉. ¡Tus ojos te lo agradecerán con una visión estable y sana por muchos años!

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