¿Existen los lentes de contacto permanentes? Mitos y realidades

¿Existen los lentes de contacto permanentes? Mitos y realidades

Imagina poder ponerte unos lentes de contacto una sola vez y olvidarte de ellos para siempre, sin tener que quitarlos cada noche ni cambiarlos regularmente. ¿Suena demasiado bueno para ser verdad? En internet y conversaciones cotidianas a veces surge el concepto de “lentes de contacto permanentes”, generando curiosidad y cierta confusión. ¿Realmente existen lentillas que se puedan usar indefinidamente sin mantenimiento? ¿O se refieren a implantes dentro del ojo? En este artículo vamos a aclarar este tema: hablaremos de las opciones de uso prolongado de lentes de contacto, qué tan “permanentes” pueden ser, sus riesgos y también de las alternativas quirúrgicas (como lentes intraoculares) que algunos llaman popularmente “lentes de contacto implantables”. Te explicaremos las diferencias entre un lente de contacto de uso diario, uno de uso extendido y un lente implantado en el ojo, para que conozcas las ventajas y peligros de cada opción. Si has soñado con dormir con tus lentillas puestas sin preocuparte, o con olvidarte de las gafas sin someterte a láser, sigue leyendo: desmontaremos mitos y te contaremos las realidades que la ciencia ofrece hoy.

Lentillas de uso prolongado: ¿hasta cuánto se pueden llevar?

Tradicionalmente, los lentes de contacto “blandos” se utilizaban durante el día y se removían para dormir, dejando descansar al ojo. Sin embargo, existen en el mercado lentes de contacto diseñados para uso extendido continuo, gracias a materiales más avanzados. Los hidrogeles de silicona revolucionaron esto: son lentes con altísima transmisibilidad de oxígeno, lo que permite que la córnea “respire” incluso cuando el párpado está cerrado. Con ellos, algunas marcas ofrecen lentes aprobados para uso continuo de hasta 6 noches/7 días, e incluso unos pocos hasta 30 días seguidos. ¡Un mes sin quitarte los lentes! Suena muy conveniente… pero hay que poner esa idea en contexto.

¿Qué tan seguro es usar lentes por tantos días sin descanso? Aun con materiales de alta permeabilidad al oxígeno, dormir con lentes de contacto aumenta significativamente el riesgo de infecciones en la córnea. La estadística es contundente: dormir con las lentillas (aunque sean “aptas” para ello) eleva el riesgo de queratitis infecciosa de 6 a 8 veces comparado con quitárselas por las noches. Es decir, el uso prolongado continuo tiene mucho más riesgo. Esto se debe a que al dormir con lentes, la córnea recibe menos oxígeno (pues el lente actúa como barrera parcial y el párpado cerrado reduce la oxigenación) y, además, las lentillas acumulan depósitos y microorganismos. Una infección corneal (como una úlcera bacteriana) es un evento serio: puede requerir tratamiento intenso e incluso dejar cicatrices permanentes que afecten la visión. En casos graves, infecciones asociadas a dormir con lentes han llevado a pérdida significativa de la visión e incluso necesidad de trasplante de córnea.

Los fabricantes saben esto, por lo que incluso los lentes de uso extendido vienen con recomendaciones estrictas. Muchos oftalmólogos no aconsejan usarlos por el máximo teórico de 30 días seguidos, sino más bien quitarlos al menos una vez por semana incluso si el producto dice “uso continuo mensual”. De hecho, en países como Estados Unidos, la FDA aprobó ciertos lentes para 6 noches consecutivas, no 30, salvo contadas marcas especiales.

Entonces, ¿qué quiere decir “lentes permanentes” en contexto de lentes de contacto blandos? Realmente se refiere a lentes de uso prolongado (extended wear). No es que los pongas una vez de por vida, sino que puedes dormir con ellos y usarlos por varios días seguidos sin retirarlos. Aun así, permanente es una palabra engañosa: tras ese periodo (6 o 30 días según el caso) hay que descartarlos y colocar un par nuevo. Todas las lentillas tienen un ciclo de reemplazo (sea diario, quincenal, mensual, etc.), no duran eternamente.

Riesgos asociados: El principal riesgo, repetimos, es la infección. Según el CDC, aproximadamente 1 de cada 500 usuarios de lentes de contacto desarrolla una infección ocular seria cada año, y la mayoría de esos casos involucran malos hábitos como dormir con las lentes puestas. La queratitis por acanthamoeba, por ejemplo, se ha visto en gente que nada o duerme con lentes. Otros riesgos de uso continuo son la neovascularización corneal (los vasos sanguíneos crecen hacia la córnea por falta crónica de oxígeno), así como mayor incidencia de ojos rojos, erosiones epiteliales e irritación.

¿Cómo reducir riesgos si necesitas o decides usar lentes extendidos? Algunos consejos importantes:

·      Idealmente, quita tus lentes antes de dormir siempre que sea posible, aunque sean de uso prolongado. Darle un descanso a tus ojos reduce drásticamente la probabilidad de infección.

·      Nunca nades o te duches con lentes puestas. El agua (de piscinas, mar o ducha) contiene microbios que pueden quedar atrapados bajo la lente y ocasionar infecciones graves.

·      Mantén una higiene estricta: lávate bien las manos antes de manipularlas, limpia y reemplaza tu estuche regularmente (cámbialo cada 3 meses), y utiliza soluciones nuevas (no rellenar la antigua).

·      No prolongues más allá de lo recomendado: si tu lente es mensual pero de uso diario, no la quieras estirar a 2 meses; y si es de uso extendido 7 días, no la uses 15 seguidos.

·      Acude a controles con tu contactólogo: él revisará que tus córneas estén sanas y sin signos de hipoxia o vasos. Si nota algo, quizás te recomiende suspender el uso nocturno.

En resumen, aunque técnicamente existen lentes que podrías llevar “permanentemente” por un mes, no es lo más seguro para la salud de tus ojos. Lo permanente puede convertirse en una lesión permanente si se desarrolla una úlcera. Los especialistas concuerdan: lo más sano es quitarse los lentes al dormir siempre que se pueda. Usar lentes de contacto requiere disciplina en su cuidado.

Lentillas “implantes”: lentes intraoculares fáquicos

Otra interpretación del término “lentes de contacto permanentes” hace referencia a lentes implantables dentro del ojo. Aquí ya no hablamos de lentillas blandas sobre la córnea, sino de lentes intraoculares (LIO) que un cirujano coloca en el interior del ojo para corregir defectos refractivos. Básicamente, es una lente artificial que queda permanentemente implantada –eso sí es permanente de verdad– y funciona como un lente de contacto interno, sin que tengas que hacer nada con ella a diario.

Estos lentes se conocen como lentes fáquicos (porque se ponen sin remover tu cristalino natural) o ICL por sus siglas en inglés (Implantable Collamer Lens). Se usan principalmente en pacientes jóvenes con miopías altas, astigmatismos altos o que no califican para cirugía láser. El lente fáquico se inserta en el espacio entre el iris y el cristalino o entre el iris y la córnea, y corrige la graduación de forma similar a un lente de contacto, pero desde dentro. ¿La ventaja? Es invisible y el paciente no siente nada, puede ofrecer calidad óptica muy buena, y es removible si fuese necesario (a diferencia del LASIK, que altera la córnea de forma permanente). Algunos pacientes lo ven como “me implantaron un lente de contacto permanente y ahora veo perfecto sin gafas”.

¿Qué tan seguro es? La tecnología ICL ha avanzado mucho y tiene buenos resultados en manos expertas. Sin embargo, es una cirugía intraocular, con riesgos inherentes: infección dentro del ojo (muy rara, pero grave), aumento de presión ocular transitorio, daño al endotelio corneal o al cristalino (que podría inducir catarata). En general, las tasas de complicaciones son bajas y la satisfacción alta, pero hay que seleccionar bien al candidato. No deja de ser curioso que en la publicidad se le llame “lentilla permanente”, cuando en realidad es un lente intraocular; posiblemente ese nombre se popularizó porque la gente entiende mejor “un lente de contacto que te ponen adentro para siempre” que “una lente fáquica intraocular”.

Cabe destacar que, además, todas las personas operadas de cataratas llevan una lente intraocular permanente (en ese caso se sustituye el cristalino opaco por un lente artificial). Pero eso ya es otro contexto. En jóvenes sin cataratas, las lentes fáquicas se han convertido en una alternativa para altas graduaciones. Su efecto es permanente en tanto corrija la visión de forma continua, pero no están exentas de eventualidades: por ejemplo, si la graduación cambia con los años, se podría necesitar reemplazar la lente por otra de diferente potencia, o si el paciente desarrolla catarata en la vejez, habría que retirar el lente fáquico para operar la catarata.

En resumen, sí existen “lentes permanentes” intraoculares que corrigen tu visión sin necesidad de gafas o contactos externos: son las lentes fáquicas implantables. No los confundamos con lentillas blandas. Son procedimientos distintos: uno es cirugía, el otro es uso de lentes cosméticos o correctivos externos.

Entonces, ¿qué opción es la mejor para mí?

Depende de tus necesidades y estilo de vida. Hablemos de los casos:

·      Si buscas no quitarte nunca los lentes de contacto blandos: Puedes usar los de uso prolongado, pero conscientemente aceptando el riesgo. Muchos usuarios duermen ocasionalmente con sus lentes (por viajes, despistes) y no pasa nada, pero hacerlo un hábito diario sí eleva las probabilidades de problemas. Lo más prudente es quitarlos con la mayor frecuencia posible. Piensa que, aunque el producto diga 30 días, quizás prefieras quitarlos cada semana al menos para limpiarlos y dejar al ojo descansar durante la noche. En definitiva: “permanente” en lentillas blandas no significa “sin riesgos” ni “olvídate de ellos por completo”.

·      Si lo que quieres es liberarte de gafas sin estar pendiente de lentillas: Considera alternativas como la cirugía refractiva. El LASIK, PRK o SMILE son procedimientos con excelentes resultados para rangos de graduación bajos a moderados. Y para graduaciones altas, las lentes fáquicas implantables (ICL) son una opción. Estos te ofrecen una corrección continua sin depender de ponerte/quitarte nada diariamente. Claro está, son procedimientos médicos que requieren evaluación y conllevan costos y posibles efectos secundarios a discutir con tu oftalmólogo.

·      ¿Y qué hay de “lentes de contacto que duran un año” u “ojo biónico”? En los años 80-90 había lentes rígidos permeables que se usaban por muchos meses, pero su confort era menor. Hoy la tendencia son lentes desechables de reemplazo frecuente (mensuales, quincenales, diarias) por higiene y salud ocular. Un “ojo biónico” actualmente se refiere más a chips retinales experimentales para gente sin visión, no a lentes de contacto. Así que por ahora, no hay un dispositivo estilo lentilla externa que te dure años sin recambiar.

La idea de unos “lentes de contacto permanentes” suena atractiva pero necesita aclaración. No existe una lentilla mágica externa que te pongas y te olvides de por vida sin riesgo. Lo más cercano son las lentillas de uso prolongado, que brindan comodidad de uso continuo por días, pero conllevan un riesgo considerable de infecciones si se abusa de ellas. Por otro lado, gracias a la cirugía, sí puedes obtener corrección permanente: ya sea con un láser en la córnea o con un lente intraocular implantado, puedes liberarte de usar algo externo diariamente. Estas opciones deben evaluarse con un especialista para ver si eres candidato y discutir pros contras.

En última instancia, el cuidado de tus ojos es lo primero. Si vas a usar lentes de contacto (sean diarias o extendidas), hazlo de forma responsable: higiene, controles y precaución. Y si piensas en soluciones definitivas, acude a un oftalmólogo de confianza que te guíe. Nuestros ojos no tienen repuesto, así que cualquier decisión debe tomarse informada. Esperamos que con esta explicación hayas despejado el mito: “lente de contacto permanente” no es más que un término engañoso. La realidad es que puedes, con la tecnología actual, minimizar la molestia de las gafas ya sea usando lentillas seguras en el día a día o mediante un procedimiento refractivo. Pero siempre habrá que cuidar esos nuevos “superpoderes” visuales con seguimiento médico. ¡Consulta con tu especialista la mejor opción para ti y disfruta de una visión clara con seguridad!

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