La primera vez que intentas ponerte lentes de contacto puede resultar un poco frustrante. Acercas el lente, el ojo se cierra justo en el último segundo, vuelves a intentarlo y después de varios minutos empiezas a pensar que quizá nunca vas a acostumbrarte. Es una experiencia bastante común y, por lo general, mejora rápidamente cuando entiendes la técnica y dejas de intentar hacerlo con prisa.
Ponerse lentes de contacto no debería convertirse en una lucha contra el parpadeo. Lo importante es preparar bien las manos, identificar correctamente el lente y aprender una secuencia que puedas repetir cada día hasta que se vuelva automática.
Antes de empezar, prepara tus manos y el espacio
Antes de tocar los lentes, lávate bien las manos con agua y jabón, enjuágalas por completo y sécalas con una toalla limpia que no deje pelusa. Conviene evitar cremas, aceites o lociones justo antes de manipularlos, porque pueden dejar residuos en los dedos y terminar sobre la superficie del lente.
Si estás comenzando, hazlo frente a un espejo y con buena iluminación. También ayuda adoptar siempre el mismo orden, por ejemplo empezar por el ojo derecho y continuar con el izquierdo. Parece un detalle menor, pero puede evitar confusiones cuando cada ojo utiliza parámetros diferentes.
Antes de colocarlo, aprovecha para mirar el lente sobre la yema del dedo. Debe estar limpio, húmedo y sin daños visibles. Si observas una rotura o algo que no parece normal, no deberías colocarlo en el ojo.
Cómo saber si el lente está al derecho
Este es uno de los puntos que más dudas genera al principio. Coloca el lente sobre la punta del dedo índice y míralo de perfil. Cuando está correctamente orientado, suele adoptar la forma de una pequeña copa, con los bordes dirigidos hacia arriba. Si está invertido, los bordes tienden a abrirse hacia afuera.
No necesitas convertir esta comprobación en un examen de laboratorio. Después de hacerlo varias veces empezarás a reconocer la forma casi automáticamente.
Si colocas el lente y notas una molestia clara, visión inestable o la sensación de que se mueve demasiado, no conviene aguantar esperando que se acomode. Retíralo con las manos limpias, revisa nuevamente su posición y vuelve a intentarlo.
Cómo ponerse los lentes de contacto paso a paso
Una vez que tienes las manos limpias y sabes que el lente está correctamente orientado, colócalo sobre la yema del dedo índice. Procura que el dedo esté relativamente seco para que el lente no se quede pegado a la piel cuando intentes llevarlo al ojo.
Con la otra mano, sostén suavemente el párpado superior. Con uno de los dedos de la mano que sostiene el lente puedes bajar ligeramente el párpado inferior. La intención es conseguir una apertura cómoda y estable, no ejercer presión sobre el ojo.
Ahora acerca lentamente el lente. Algunas personas prefieren mirar directamente al frente y otras encuentran más sencillo mirar ligeramente hacia arriba. Lo importante es hacerlo con calma. Si parpadeas y el lente no entra, simplemente acomódalo nuevamente sobre el dedo y vuelve a intentarlo.
Cuando el lente entre en contacto con el ojo, retira los dedos despacio y parpadea con normalidad. En la mayoría de los casos se centrará con el movimiento natural del ojo y los párpados.
Al principio pueden hacer falta varios intentos. Intentar hacerlo cada vez más rápido porque estás frustrado suele conseguir exactamente lo contrario. Si después de varios intentos ya estás incómodo, es mejor detenerse unos minutos, lavarse nuevamente las manos y comenzar otra vez con tranquilidad.
¿Cómo se quitan?
Quitarse los lentes suele resultar más sencillo una vez pierdes el temor inicial a tocar cerca del ojo. Con las manos limpias y secas, mira ligeramente hacia arriba y desliza con suavidad el lente hacia la zona blanca del ojo utilizando la yema del dedo.
Cuando se haya desplazado, puedes sujetarlo delicadamente entre las yemas de los dedos y retirarlo. La palabra importante aquí es “yemas”: evita utilizar las uñas directamente sobre el lente o cerca de la superficie del ojo.
Si utilizas lentes desechables diarios, sigue las indicaciones para desecharlos después de utilizarlos. Si son reutilizables, deberán limpiarse y almacenarse siguiendo las instrucciones correspondientes al producto y a la adaptación que te hayan realizado.
Hay errores que conviene evitar desde el primer día
Uno de los más importantes es utilizar agua para limpiar o guardar los lentes. El agua del grifo no es una solución de desinfección y puede contener microorganismos que no deberían quedar atrapados entre el lente y el ojo. Por eso deben utilizarse únicamente las soluciones indicadas para el cuidado de lentes reutilizables.
También conviene prestar atención al tiempo de reemplazo. Un lente diario está pensado para desecharse después de su periodo indicado de uso, mientras que las referencias reutilizables tienen calendarios específicos que deben respetarse. Intentar prolongar su duración para hacer que una caja rinda más no es una buena estrategia.
Lo mismo ocurre con dormir con los lentes puestos. No debería hacerse salvo que la referencia esté específicamente diseñada para ese tipo de uso y exista una indicación profesional apropiada. Tampoco todas las gotas para los ojos pueden utilizarse mientras llevas lentes; si necesitas lubricación, revisa que sean compatibles o utiliza las recomendadas por un profesional.
No todos los lentes de contacto sirven para lo mismo
Una vez aprendida la técnica de colocación, hay otro punto que merece atención: elegir correctamente la referencia.
Existen opciones para diferentes necesidades visuales, como determinadas correcciones de miopía o hipermetropía, lentes tóricos utilizados en casos de astigmatismo, diseños multifocales y alternativas de color. Además, dentro de una misma marca pueden existir referencias con parámetros y características distintas.
Si ya conoces tu fórmula y la referencia indicada para ti, puedes comparar diferentes opciones de lentes de contacto teniendo en cuenta el tipo de corrección, la presentación y los parámetros disponibles.
Lo importante es no asumir que dos productos son intercambiables simplemente porque pertenecen a la misma marca o tienen un nombre parecido. Cuando se quiere cambiar de referencia, especialmente si existen necesidades visuales específicas, lo adecuado es contar con orientación profesional.
¿Cuánto tiempo pueden llevarse puestos?
No existe una cantidad de horas que sea correcta para todos los usuarios y todos los lentes. El tiempo apropiado depende de la referencia, las indicaciones del fabricante, la adaptación y las características de cada persona.
Más que intentar alcanzar un número determinado de horas, conviene prestar atención a cómo se sienten los ojos y respetar las recomendaciones correspondientes al producto utilizado.
Si aparece una molestia persistente, dolor, enrojecimiento importante, secreción, sensibilidad inusual a la luz o cambios en la visión, no deberías interpretar esos síntomas como algo normal por ser principiante. En esos casos es mejor suspender el uso y consultar a un profesional de la salud visual.
Con la práctica deja de parecer complicado
Las primeras veces probablemente no serán rápidas ni perfectas, y tampoco necesitan serlo. La mayoría de las dificultades iniciales desaparecen cuando repites la misma rutina: manos limpias, lente bien orientado, párpados sujetos con calma y movimientos suaves.
Después de un tiempo, lo que inicialmente parecía un procedimiento complicado puede convertirse en algo que haces casi sin pensarlo.
La meta nunca debería ser ponértelos en tiempo récord. La meta es aprender a hacerlo correctamente y convertir una buena técnica en un hábito.